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ETAPA 33: GONTÁN - VILALBA

"Etapa corta, agradable y fácil" decían las guías. Y cómo cambia todo dependiendo del tiempo, de tu estado anímico, de tus ampollas, de tus soledades. Segundo día de lluvia interminable. Botas mojadas. Por lo tanto, calcetines húmedos desde el primer quilómetro. Eso sí, soy consciente que esta etapa bajo el sol, o con un clima agradable para el paseo, puede ser indescriptible. Para mí lo fue. Una de las etapas más bonitas del camino. Pero no por ello una etapa densa e intensa. 

Interior del Albergue de Gontán. Limpio, nuevo, con espacios para descansar y hablar.

Me despedí del maravilloso albergue de Gontán (Abadín), con tranquilidad, quietud, dejando a mis compañeros portugueses medio dormidos aún. Yo había desayunado allí, y mi arcángel Rafael hacía rato que había marchado. La pereza de salir con lluvia era alta, pero sabía que el camino era largo, y no me podía relajar. El día antes había llegado casi rozando el anochecer, y no podía retardar más la partida.


Exterior del Albergue de Abadín.

ETAPA 32: LOURENZÁ - GONDÁN (ABADÍN)

La dureza del camino no está en los quilómetros, ni en la lluvia, ni en las piedras. La dureza del camino se encuentra en algún sitio de nuestro interior. Pero, lógicamente, la compañía -o la falta de ella-, la lluvia, los quilómetros, las agujetas, las ampollas, ayudan e inciden en mellar la fuerza que uno pueda tener para seguir caminando absurdamente, para mantener la constancia de recorrer quilómetros paso a paso.

Etapa dura la de hoy. Asumo mi equivocación. Mondoñedo queda en el primer tercio de la etapa, y descansar en Mondoñedo hizo que el resto de la etapa se me hiciera eterno. Pero vamos por partes.

Albergue de Lourenzá.

El camino hasta Mondoñedo ha sido, de hecho, bastante correcto. Ha empezado lloviendo, y la lluvia iba haciendo mella, pero se podía soportar. Era una lluvia ligera y agradable. Uno podía ir circulando entre caminos, y parte de carreteritas. Se veían casas. De vez en cuando volvía a llover, pero había momentos en que también se podía uno quitar la capa de lluvia y hacer fotos con cierta tranquilidad.

El camino, que en sus mejores lugares, también estaba embarrado.